La mayoría de los ataques a PyMEs no empiezan con un hacker sofisticado, sino con un empleado que hizo click en un mail que parecía legítimo. Entrenar el ojo del equipo es barato y es lo que más rinde en seguridad.
Un Excel compartido con claves, un post-it en el monitor o un WhatsApp con el password del administrador. La mayoría de las PyMEs arrastra un sistema de contraseñas que hace años debería estar jubilado. El recambio no es caro y corta muchos riesgos de raíz.
El ransomware no ataca al azar: aprovecha malas prácticas muy concretas. Señales que indican que una empresa ya está expuesta, aun sin haber sido víctima todavía.
El antivirus que viene incluido en Windows —Microsoft Defender— es una buena solución para el usuario hogareño. Pero en un entorno empresarial, donde hay múltiples equipos, usuarios con…